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NACIDA EN BARRIO DE ORO

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sábado, abril 13, 2013

Sentido del universo y la vida explicado por un niño de 9 años


Los niños de ahora llegan con mucha información a este Mundo. Hay que prestarles mucha  atención.  No se pierdan estas explicaciones de un niño de 9 años





lunes, noviembre 21, 2011

sábado, noviembre 19, 2011

Inteligencia Emocional

Fuente : Mundo Psicología

 Ojalá tengan paciencia y puedan verlo hasta el final. Está muy interesante.


La inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos. El término fue popularizado por Daniel Goleman, con su célebre libro: Emotional Intelligence, publicado en 1995. Goleman estima que la inteligencia emocional se puede organizar en cinco capacidades: conocer las emociones y sentimientos propios, manejarlos, reconocerlos, crear la propia motivación, y gestionar las relaciones.



jueves, noviembre 17, 2011

Acepta tus fortalezas y debilidades

La clave del éxito es el trabajo, pero también aceptarnos como somos sin culpas ni frustraciones.
Por Gabrielle Dupont


La noticia es muy positiva: con frecuencia se presentan casos de personas que parecen tocadas por los dioses, no hay nada que hagan que les salga mal, son capaces de sortear los eventos más complicados y no solamente eso, además superan por mucho las expectativas que se tenía de ellas.
La suerte no es el factor principal de su éxito, es su creatividad, su inteligencia, el esfuerzo y el trabajo que imprimen en cada uno de los proyectos que realizan y a ello se aúna el hecho de que saben encontrar a los aliados perfectos y su actitud segura y positiva hace el resto, que es convencer a los demás de que su plan es el efectivo, lo cual se respalda con sus antecedentes satisfactorios en distintas ramas.
De acuerdo a Agustín Medina, autor del libro Como llegar al éxito de fracaso en fracaso, Editorial Pearson Prentice Hall, “la mayoría de la gente piensa que el éxito tiene que ver más con el destino y la suerte que con el esfuerzo cotidiano. Se piensa que basta con estar en el sitio adecuado en el momento oportuno. Pero no hay nada más lejos de la realidad. La suerte y la oportunidad no son suficientes para conseguir el éxito.
Trabajo, trabajo y trabajo, ésa es una de las principales claves para triunfar en cualquier cosa. Es cierto que para lograr el éxito no se deben dejar escapar las oportunidades, pero de nada sirve estar rodeado de ellas si uno no está dispuesto a trabajar duro para aprovecharlas.

Encuentre el justo valor
No hay nada perfecto bajo el cielo, eso es una realidad, y aceptarlo es parte fundamental para no dañar la autoestima cuando ni asumir una culpabilidad que seguramente no corresponde.
A este respecto Agustín Medina explica que el fracaso significa aceptar nuestros límites y es necesario e imprescindible en el camino hacia el éxito, aunque admite, es una tarea complicada aprender a reconocerlos. “Nos empeñamos en culpar a los demás de nuestros errores, nos decimos que la suerte se puso en nuestra contra, que las circunstancias no nos fueron propicias, que todo fue culpa del destino y de la casualidad. De esta forma evitamos asumir los fracasos y aprender de ellos, y ése es el peor de nuestros fracasos. Cuando ignoramos nuestras propias debilidades estamos cerrando el paso al desarrollo de nuestras fortalezas”.
Cuando el éxito parece darnos la espalda lo más adecuado es hacer una valoración de los procesos que se siguieron, así como un balance justo de resultados.

Nada de lágrimas, mejor la acción
Según sus palabras lamentarse no es una oportunidad para encontrar consuelo, éste lo encontraremos cuando tenemos el entusiasmo de intentar un plan nuevo, que cubra con mejores respuestas las fallas que se hayan cometido y que analice cada una de las causas que nos llevaron a fracasar en el intento anterior.
“Por cada momento triunfal hay otros muchos de derrota y fracaso. Sin embargo, el auténtico triunfador, el que llega a ser de verdad una estrella en su categoría, es aquel que no sucumbe ante el fracaso; el que una y otra vez se repone de sus malas actuaciones; el que sabe aprende de sus errores y se esfuerza más que nadie sin dejarse abatir por las derrotas, sin desmoronarse ante las adversidades. Trabajar duro y saber sobreponerse a los fracasos: en eso consiste el secreto del éxito”, afirma Agustín Medina




Con la mirada en el futuro
Otro punto que vale la pena tener fresco en la mente a la hora de analizar los resultados y de emprender nuevas metas, es que no es posible alimentarnos de glorias pasadas, aún cuando éstas se hayan vivido recientemente.
No podemos pasar por alto que ninguna situación que experimentemos es igual a las anteriores, es cierto que pueden haber semejanzas, pero lo ideal en todo caso es partir de cero y poner en consideración los aprendizajes que hayamos obtenido.
Aceptar que nadie es perfecto y que estamos expuestos a sufrir tropiezos, es el primer consejo que debemos recordar para evitar así salir lastimadas cuando las cosas no se dan como las habíamos planeado. Pero también tengamos presente las habilidades que poseemos y la capacidad para volver a intentar y poner lo mejor de nosotros para volver a la senda del triunfo.


jueves, septiembre 22, 2011

¡Papá, mamá, no se metan en mi vida!

Autor :Desconocido






















Recordaba una ocasión en que escuché a un joven gritarle a su Padre:
¡No te metas en mi vida!
Su padre entonces le dijo:
¡Un momento, no soy yo el que me meto en tu vida, tú te has metido en la mía!
Hace muchos años, gracias a Dios, y por el amor que mamá y yo nos tenemos, llegaste a nuestras vidas, ocupaste todo nuestro tiempo, aún antes de nacer.


Mamá se sentía mal, no podía comer, todo lo que comía lo devolvía, y tenía que guardar reposo.
Yo tuve que repartirme entre las tareas de mi trabajo y las de la casa para ayudarla.
Los últimos meses del embarazo, antes de que llegaras a casa, mamá no dormía y no me dejaba dormir.

Los gastos aumentaron increíblemente, tanto que gran parte de lo nuestro se gastaba en ti, en un buen médico que atendiera a mamá y la ayudara a llevar un embarazo saludable, en medicamentos, en la maternidad, en comprarte todo un guardarropa; mamá no veía algo de bebé que no lo quisiera para ti, una vestido , un moisés… todo lo que se pudiera, con tal de que tú estuvieras bien y tuvieras lo mejor posible.


































¡¿Que no me meta en tu vida?!
Llegó el día en que naciste: hay que comprar algo para darles de recuerdo a los que te vinieran a conocer (dijo Mamá), hay que adaptar un cuarto para el bebé.

Desde la primera noche no dormimos. Cada tres horas como si fueras una alarma de reloj nos despertabas para que te diéramos de comer. En ocasiones te sentías mal y llorabas y llorabas, sin que nosotros supiéramos que hacer, pues no sabíamos qué te sucedía y hasta llorábamos contigo.


















































¿Qué no me meta en tu vida?
Empezaste a caminar; yo no sé cuando he tenido que estar más detrás de “ti”, si cuando empezaste a caminar o cuando creíste que ya sabías.


Ya no podía sentarme tranquilo a leer el periódico o a ver una película, o el partido de mi equipo favorito, porque para cuando acordaba, te perdías de mi vista y tenía que salir tras de ti para evitar que te lastimaras.





¿Qué no me meta en tu vida?
Todavía recuerdo el primer día de clases, cuando tuve que llamar al trabajo y decir que no podría ir, ya que tú en la puerta del colegio no querías soltarme y entrar, llorabas y me pedías que no me fuera, tuve que entrar contigo a la escuela y pedirle a la maestra que me dejara estar a tu lado un rato ese día en el salón, para que fueras tomando confianza.


A las pocas semanas no sólo ya no me pedías que no me fuera, hasta te olvidabas de despedirte cuando bajabas del auto corriendo para encontrarte con tus amiguitos.








 
¿Qué no me meta en tu vida?
Seguiste creciendo, ya no querías que te lleváramos a tus reuniones, nos pedías que una calle antes te dejáramos y que pasáramos por ti una calle después, por que ya eras “grande”, “independiente”…


No querías llegar temprano a casa, te molestabas si te marcábamos reglas, no podíamos hacer comentarios acerca de tus amigos sin que te volvieras contra nosotros, como si los conocieras a ellos de toda la vida y nosotros fuéramos unos perfectos “desconocidos” para ti.
¿Qué no me meta en tu vida?
Cada vez sé menos de ti por ti mismo, sé más por lo que oigo de los demás; ya casi no quieres hablar conmigo, dices que nada más te estoy regañando, y todo lo que yo hago está mal o es razón para que te burles de mí, pregunto: ¿con esos defectos te he podido dar lo que hasta ahora tienes?.

Mamá se la pasa en vela y no me deja dormir a mí diciéndome que no has llegado y que es de madrugada, que tu celular está desconectado, que ya son las 3:00 y no llegas; hasta que por fin podemos dormir cuando acabas de llegar.




¿Qué no me meta en tu vida?
Ya casi no hablamos, no me cuentas tus cosas, te aburre hablar con “viejos” que no entienden el mundo de hoy. Ahora sólo me buscas cuando hay que pagar algo o necesitas dinero para la universidad, o para salir; o peor aún, te busco yo cuando tengo que llamarte la atención.


¿Qué no me meta en tu vida?
Hijo, yo no me meto en tu vida, tú te has metido en la mía, y te aseguro que desde el primer día, hasta el día de hoy, no me he arrepentido de que te hayas metido en ella, y de que le hayas cambiado para siempre.
Mientras esté vivo, me meteré en tu vida, así como te metiste en la mía; para ayudarte, 
para formarte, para amarte y para hacer de ti un hombre o una mujer de bien.





Solo los padres que saben meterse en la vida de sus hijos logran hacer de estos, hombres y mujeres de bien, que triunfen en la vida y sean capaces de amar.

A los papás que lo hacen: ¡Muchas gracias por meterse en la vida de sus hijos, o mejor dicho, por haber permitido que sus hijos se metan en sus vidas!

A los hijos de esos papás: ¡Valoren a sus padres, no son perfectos pero los aman; y lo único que desean es que ustedes sean capaces de salir adelante en la vida y triunfar como hombres y mujeres de bien, hombres y mujeres felices.


La vida da muchas vueltas, y en menos de lo que ustedes se imaginen alguien les dirá… “¡Papá, Mamá, no te metas en mi vida!”
La paternidad no es un capricho o un accidente, es un don de Dios, que nace del 
Amor.